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Esta sección está dedicada a explicar la importancia fundamental del rito y de las ceremonias para el feng shui clásico, así como para todo el pensamiento clásico chino, repudiados como superstición por la coriente norteamericana del "Feng Shui Clásico".
Confundir con 'superstición' al rito y la ceremonia que acompañan no sólo al feng shui, sino que a toda la cultura tradicional china, es simplemente una confesión de ignorancia. Porque no hay nada más alejado de la superchería que los rituales y ceremonias que acompañan el ejercicio del feng shui y de la medicina china en general. El papel del rito es otro, muy distinto, que lo hace absolutamente imprescindible en el feng shui bien conducido, y que lo convierte en un responsable directo de su verdadera eficacia.
¿Cual es ese papel? Estudiémoslo a partir de Confucio, el sabio más importante de la cultura china (y uno de los mayores sabios de la humanidad)...
"Estando Bo Niu gravemente enfermo, Confucio se presentó en su casa para saber de él. Sin entrar, le cogió la mano a través de la ventana y exclamó: «¡Ah, nos lo llevan! ¡Es el destino! ¡Ah! ¡Semejante hombre, semejante enfermedad! ¡Ah! ¡Semejante hombre, semejante enfermedad!»"
«Esa ventana miraba hacia el sur» - nos explica escuetamente el comentario clásico. ¿Y qué quiere decir con eso? En la China clásica, los enfermos eran situados en el sector norte de la casa o habitación, el sector más cobijado y protegido. Pero si un personaje importante venía a visitarlos, entonces el ceremonial establecía que había que desplazarlo hacia el sector sur, con el propósito de que su visitante, al situarse a los pies de su lecho, quedara mirando hacia el sur y el enfermo quedara mirando hacia el norte.
Eso porque el sur, por ser la dirección del sol al mediodía, representaba (como hasta nuestros días en China) la dirección del reconocimiento y del mérito, es decir del resplandor personal. Por eso esa orientación era el privilegio del soberano o, en ausencia de aquél, de la persona con mayor rango y estatus.
En este caso, esa persona era indudablemente Confucio, el pensador de mayor prestigio entre los letrados de su época. Por eso se trasladó a Bo Niu enfermo hacia el lado sur de su casa - para que así Confucio pudiera quedar mirando hacia el sur al ponerse a los pies de su cama.
Pero para Confucio, el prestigio o la fama personal era una cualidad inferior a la edad y senioridad. El debido respeto a los más viejos era para él la primera prioridad, por encima de la fama o el prestigio. Por eso entonces es que rehusa entrar a la casa de Bo Niu y en cambio se le aproxima por la ventana que mira hacia el sur. Con ello él se posiciona mirando hacia el norte (la posición del subordinado) y deja a Bo Niu mirando hacia el sur: la posición privilegiada. Esa es su manera ceremonial de homenajear al sabio moribundo y de mostrarle todo su respeto.
Que, como decía el mismo Confucio: «La armonización (en este caso la armonización de los espacios y de las personas con las direcciones) por sí sola, no temperada por los ritos, es inaceptable». Para él, claramente, no se trataba tan sólo de potenciar de manera mecánica y rígida la dirección del reconocimiento: Esa potenciación debía ser flexible y adecuada al contexto y a la situación, y esa adecuación la garantizaba el protocolo ritual y ceremonial, tal como estaba inscrito en los textos antiguos (El Clásico de los Ritos y el Clásico de las Canciones).